10 de septiembre de 2015

El ejército ruso comienza a implicarse contra el terrorismo en Siria


Un cambio muy profundo y significativo acaba de producirse en el Levante: el ejército ruso está comenzando a implicarse en contra del terrorismo en Siria. Avanzando con prudencia, después de haber estado ausentes de la escena internacional desde la disolución de la Unión Soviética, las fuerzas armadas de la Federación Rusa acaban de crear una comisión ruso-siria, de entregar armamento y datos de inteligencia y de enviar algunos consejeros, todo esto de manera más o menos coordinada con la Casa Blanca.

RED VOLTAIRE
Originario de Tartaristán, el general Valeri Guerassimov, jefe del estado mayor de las fuerzas armadas de la Federación Rusa y viceministro de Defensa, es un conocedor del islam. Además de haber participado en la represión de crímenes cometidos por militares rusos en Chechenia, combatió victoriosamente a los yihadistas del Emirato Islámico de Itchkeria.


Después de haber negociado con Arabia Saudita, Siria y Turquía, el establecimiento de una alianza regional contra el Emirato Islámico, Rusia se ve ahora obligada a cambiar de estrategia ante el brusco viraje turco. Ankara decidió finalmente romper con Moscú, anulando sin motivos reales el contrato sobre el gasoducto Turkish Stream y creando con Ucrania una brigada islámica internacional destinada a desestabilizar Crimea [1], que además servirá al Emirato Islámico como refuerzo contra los kurdos del PKK y de las YPG.

De la misma manera, la Casa Blanca también se ha visto obligada a cambiar de estrategia después de las intrigas del general John Allen, quien se había comprometido con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan a crear una «zona de seguridad» para el Emirato Islámico en el norte de Siria [2].

En definitiva, Moscú y Washington han coordinado 
la retirada de los misiles Patriot desplegados en Turquía y 
la creación de una comisión militar ruso-siria.
El fin de la zona de exclusión aérea

Los misiles Patriot, instalados por la OTAN en Turquía a partir de enero de 2013, impedían que la fuerza aérea de la Republica Árabe Siria pudiera desplegarse en la frontera turco-siria. Eso permitió a los yihadistas del Frente al-Nusra (al-Qaeda en Siria) apoderarse del norte del país. A partir del verano de 2014, esa zona vedada a la aviación siria fue ocupada por el Emirato Islámico.

Debido a esa situación, la fuerza aérea de la República Árabe Siria no pudo bombardear al Emirato Islámico durante la batalla de Kobane y el Ejército Árabe Sirio se vio obligado a tratar de avanzar con sus fuerzas terrestres para acudir en defensa de la ciudad sitiada por los yihadistas. Como las tropas sirias no lograban franquear los últimos 30 kilómetros para alcanzar Kobane, la prensa atlantista presentó a los kurdos de las YPG (Unidades de Defensa del Pueblo) como fuerzas no vinculadas a Damasco que defendían la ciudad, cuando en realidad la República Árabe Siria había proporcionado a esos combatientes kurdos el armamento que utilizan e incluso les garantiza una paga.

Los misiles Patriot, inicialmente desplegados en Turquía por Alemania y Holanda, ahora son de Alemania y España. Según se ha anunciado, esos medios pasarán un proceso de revisión técnica y modernización antes de ser redesplegados en Lituania, en la frontera con Rusia.
La entrada del ejército ruso en el conflicto de Siria

Rusia, que desde el inicio del conflicto se había mantenido al margen de las operaciones militares, acaba de crear una comisión militar ruso-siria. Sin embargo, la OTAN organizó anteriormente todo el conjunto de acontecimientos de la llamada «primavera árabe», como la guerra contra Siria, y coordinó las acciones de los grupos yihadistas extranjeros con sus colaboradores libios y sirios –los llamados «rebeldes»– desde la base turca de Esmirna (Izmir) [3], convertida desde entonces en sede del LandCom (el mando de las fuerzas terrestres de los 28 Estados miembros de la OTAN).

Ahora, en el espacio de unas pocas semanas, numerosos consejeros militares rusos han llegado a Damasco.

Mientras tanto, 6 MiG-31, aviones considerados como los mejores interceptores del mundo, acaban de ser entregados a la República Árabe Siria. Se concretiza así una compra que databa de 2007 pero que estuvo bloqueada hasta ahora. La entrega de estos aviones no viola el embargo sobre las entregas de armas ya que los MiG-31 no entran en la categoría de equipamiento que puede ser utilizado en operaciones para mantener el orden. Por tratarse de aviones interceptores, los MiG-31 sólo son útiles como medio de garantizar la defensa del territorio nacional –en este caso ante posibles incursiones de Israel o de Turquía, dos países que con diversos pretextos han intervenido repetidamente en territorio sirio para respaldar a los yihadistas, cuando estos últimos se han visto en dificultades.

Por ejemplo, el 30 de enero de 2013, aviones israelíes bombardeaban en Siria el Centro de Investigaciones Militares de Jemraya, afirmando que se trataba de una operación para destruir armamento destinado al Hezbollah. En realidad se trataba de destruir un dispositivo de la OTAN para la transmisión de datos satelitales, que había caído en manos del Ejército Árabe Sirio, para evitar que los sirios descubrieran el sistema de cifrado utilizado [4]. La fuerza aérea de Israel realizó la operación en coordinación con el llamado Ejército «Sirio Libre», que a su vez estaba dirigido por oficiales de la Legión Extranjera de Francia, bajo la supervisión del LandCom de la OTAN.

Desde ese momento, Israel y al-Qaeda han realizado repetidamente ese tipo de operaciones conjuntas. La más reciente tuvo lugar el 21 de agosto de 2015, cuando al-Qaeda atacó la base militar siria de Quneitra –en los límites del Golán ocupado por Israel– mientras que la aviación israelí le prestaba apoyo aéreo. Ese día la defensa antiaérea siria logró derribar uno de los aviones de la coalición israelo-yihadista [5].

Simultáneamente, el ejército ruso acaba de entregar a Siria –por primera vez– imágenes provenientes de sus satélites. Esta decisión, esperada desde hace 5 años, modifica considerablemente la situación en el plano militar. Hasta ahora, los yihadistas escapaban a menudo al avance del Ejército Árabe Sirio porque disponían de las imágenes satelitales que la OTAN les entregaba en tiempo real. Al parecer, hace 6 meses que la OTAN no está entregando ese tipo de información al Emirato Islámico sino únicamente al Frente al-Nusra (al-Qaeda).

Para terminar, los consejeros militares rusos están reuniendo gran cantidad de datos que deben permitirles estudiar la posibilidad de un despliegue internacional bajo los auspicios de la ONU. Estos consejeros presentarían un informe al Kremlin, que estudiará tanto la posibilidad de emprender una operación rusa como la de una operación conjunta de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que se reunirá el 15 de septiembre en Duchanbé, capital de Tayikistán.

Un posible despliegue de fuerzas de la OTSC en Siria ya se planteaba, en junio de 2012, durante la preparación de la «Conferencia Ginebra 1» [6]. La OTSC incluye 3 Estados con población musulmana –Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán– que resultarían por ello más aptos que Rusia para luchar contra terroristas que se presentan como seguidores del islam. Pero en el momento de la Conferencia Ginebra 1 no existía entre la ONU y la OTSC un acuerdo que permitiera la participación de esa alianza militar en las operaciones de paz de las Naciones Unidas. Un acuerdo de ese tipo fue firmado el 28 de septiembre de 2012 y podría aplicarse tanto en Afganistán como en Siria [7].
Los límites de la cooperación entre el Kremlin y la Casa Blanca

Pero no hay que olvidar que la cooperación entre el Kremlin y la Casa Blanca tiene sus límites: Rusia quiere acabar con los yihadistas antes de que se vuelvan contra ella mientras que Estados Unidos esperar utilizar a algunos en otros conflictos, como ya lo hizo antes en Afganistán, en Bosnia-Herzegovina, en Chechenia y en Kosovo.

Y ya en este momento, elementos del Emirato Islámico han llegado a la región de Kherson, en Ucrania, donde ya se encuentra un llamado «gobierno de Crimea en el exilio».

Es evidente que, del lado estadounidense, la retirada de los misiles Patriot es una trampa. A Washington le gustaría que Rusia redujera la cantidad de yihadistas, pero también le encantaría verla empantanarse en Siria. Es por eso que el oso ruso avanza con mucha prudencia.



[1] «Ucrania y Turquía han creado una brigada internacional islámica contra Rusia», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 15 de agosto de 2015.

[2] «Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK», por Thierry Meyssan,Red Voltaire, 3 de agosto de 2015.

[3] “Izmir base likely to become NATO’s Land Component Command”,Today’s Zaman, 6 de junio de 2011.

[4] «Israel y el ESL atacan un centro sirio de investigación», Red Voltaire, 31 de enero de 2013.

[5] «Israel y al-Qaeda pierden un avión en Siria», Red Voltaire, 23 de agosto de 2015.

[6] «Siria: Vladimir Putin propone una Fuerza de Paz de la OTSC»,Red Voltaire, 3 de junio de 2012.

[7] «La OTSC podrá desplegar “chapkas azules” por mandato de la ONU»,Red Voltaire, 29 de septiembre de 2012.

6 de septiembre de 2015

Cuatro hermanas decidieron enfrentar a un dictador





Vivieron en una época donde las mujeres eran amas de casa y madres. Ellas fueron educadas para ser más.

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2 de septiembre de 2015

¿Cómo hacer la Revolución en el siglo XXI?

02-09-2015

El peligro del reformismo




Domingo Nuñez Polanco  en Hato Mayor, habla a la prensa local 




La estrategia revolucionaria debe adaptarse al tiempo y al espacio, al momento histórico y al lugar. Ésta es una de las grandes lecciones que nos legaron los revolucionarios clásicos. Sus errores no invalidan sus aciertos. Para que se produzca una revolución debe darse cierta combinación de factores objetivos y subjetivos. Entre estos últimos la estrategia es un factor clave. Sin una estrategia correcta no es posible superar el actual sistema. Por un lado, hay que tener en cuenta la situación actual, hay que ser realistas, pero, por otro lado, también hay que buscar cierto futuro, hay que ser también idealistas. Es necesario cierto equilibrio: ser suficientemente idealistas pero también suficientemente realistas.

Al intentar alcanzar este difícil equilibrio es muy fácil caer en cualquiera de los dos extremos: quedarse en un mero reformismo que se verá superado por la dinámica del sistema capitalista, haciendo que la reforma sea muy insuficiente o simplemente no llegue ni siquiera a ser, o quedarse en un revolucionarismo imposible, utópico, permaneciendo en la marginalidad, imposibilitando siquiera empezar a arrancar en dirección a una sociedad mejor, posponiendo indefinidamente una revolución pura pues, como bien dijo Lenin, ninguna revolución lo es. Es evidente que hay que acudir a donde están las masas en vez de esperar a que éstas vengan a nosotros. Y para ello, es ineludible tener en cuenta el estado objetivo y subjetivo de éstas, en particular, su estado de conciencia, sus prejuicios ideológicos. Quienes se limiten a repetir un discurso megarrevolucionario, impecable desde el punto de vista teórico, aun teniendo toda la razón en sus reivindicaciones, pero que no tenga en cuenta dichos prejuicios, predicarán en el desierto. Por el contrario, quienes opten por tener en cuenta dichos prejuicios para llegar a las masas, para por lo menos ser escuchados, sufrirán el peligro latente y creciente de perder por el camino ciertas ideas imprescindibles para superar el actual sistema, acabando por ser ellos cambiados por el sistema en vez de al revés. Existen numerosos ejemplos prácticos en la historia que demuestran todo esto. El más reciente lo tenemos en Grecia con el gobierno de Syriza encabezado por Tsipras.

Peor que no alcanzar el poder político es alcanzarlo para practicar lo contrario de lo propugnado. El sistema está deseando que sea Syriza quien lleve a cabo el programa neoliberal, pues así asestaría un duro golpe a las clases trabajadoras griegas e internacionales. ¿Qué mejor manera de asentar el pensamiento único que una izquierda supuestamente radical y anticapitalista aplicando a rajatabla el programa de las élites oligárquicas? Los graves errores cometidos en el corto mandato de Syriza pueden pasar una enorme factura a la ciudadanía de todo el mundo. Está en juego mucho. Estamos en una encrucijada crucial de la historia de la humanidad, en la que se puede decidir su futuro por muchos años, quien sabe si incluso su propia supervivencia. Tsipras quería cambiar Europa y fue ésta quien le cambió. Y es que no se puede ingenuamente pensar que quienes oprimen a la mayoría social van a entrar en razones negociando con las simples armas de las argumentaciones. Las élites sólo entienden de la fuerza, no van a renunciar a sus privilegios voluntariamente. Nunca lo han hecho, ni lo van a hacer. Cambiarán las formas pero no el fondo de la cuestión. Ahora bien, la fuerza no tiene por qué ser la violencia física. En estos tiempos actuales la fuerza viene dada por las movilizaciones en las calles, por los movimientos sociales, por la ciudadanía organizada y activa, por el éxito en las urnas, por la existencia de planes B,... Un partido (o frente) político que pretenda transformar el sistema deberá tener una gran base social, promover el activismo de las bases, darle el máximo protagonismo posible (y mantenerlo, incluso acrecentarlo en el tiempo, y no al revés), deberá también adoptar un discurso y una simbología que le permitan llegar a la gran mayoría social, teniendo en cuenta los prejuicios de ésta, combatiéndolos progresivamente, deberá partir de un programa mínimo, no demasiado radical al principio, pero también suficientemente radical para iniciar una dinámica de cambio, que le permita empezar a superar el sistema actual, pero también que le permita no volver para atrás, no quedarse a mitad de camino.

Para todo ello nunca hay que subestimar al enemigo, hay que plantearse distintas alternativas en función de sus previsibles movimientos. La política actual es una guerra y nunca debe perderse de vista este trascendental hecho. Hay que hablarle al pueblo muy claro sobre, por un lado, la posibilidad de una sociedad mejor, pero también, por otro lado, sobre las enormes dificultades para alcanzarla, hay que darle en todo momento el protagonismo, hay que informarle adecuadamente, dándole a conocer todas las alternativas en igualdad de condiciones,… Una titánica labor. Muy difícil, pero necesaria y posible. Siempre que se tengan muy claras las ideas desde el principio, siempre que haya, entre otras cosas, constancia, paciencia, coraje, determinación, coherencia, astucia, flexibilidad para reaccionar ante los movimientos del enemigo, que nunca se queda de brazos cruzados y tiene mucha más experiencia, que tiene el poder en sus manos,… Está claro que una sociedad radicalmente distinta, en la que todos sus individuos tengan las mismas posibilidades de sobrevivir dignamente, de vivir plenamente, de ser felices, no podrá alcanzarse en poco tiempo. El cambio social es un camino muy largo y lleno de obstáculos que, como la historia ha demostrado tozudamente, puede revertirse. Para iniciarlo habrá que ser al principio más moderados en los objetivos, éstos tendrán que ser al principio bastante modestos, para ir progresivamente radicalizándolos a medida que los ciudadanos comprueben en la práctica que otro sistema es posible, que éste se va abriendo paso, pero también dichos objetivos iniciales deberán ser suficientemente ambiciosos para posibilitar un salto suficiente, para iniciar una dinámica. La cantidad debe transformarse en calidad, como nos dice la dialéctica materialista. Se necesita una transición para “conectar” el futuro deseado con el presente vivido, pero también un salto para desprenderse de las telarañas del sistema actual, para que ese impulso nos evite volver a la situación inicial, nos permita realmente despegar.

Quiere esto decir que quienes pretendan superar el actual sistema deberán prescindir de aquellas banderas ideológicas que ya no sirven (que despiertan los prejuicios de las masas), pero deberán también adoptar un discurso y una praxis que se diferencien de las fuerzas prosistema. Deberán ser un poco radicales (al principio) en el programa defendido, muy radicales en la manera de organizarse (dando el máximo protagonismo a los de abajo), tremendamente ejemplares, pero bastante moderados en los discursos, en las formas. Progresivamente habrá que irse radicalizando, a medida que las circunstancias lo permitan habrá que plantear nuevos objetivos cada vez más ambiciosos, a medida que el pueblo se radicalice así deberá hacerlo también su gobierno transformador, y viceversa. Tsipras desaprovechó el contundente triunfo del no a la austeridad en el referéndum en el que el pueblo griego no se dejó amedrentar por la oligarquía internacional y sus cómplices. Esa oportunidad perdida posibilitó el contraataque de la Europa del Capital en el que Syriza claudicó. Pero no sólo eso, Syriza, que ahora podría retomar la iniciativa, plantearle al pueblo la posibilidad de dejar el euro para recuperar la soberanía nacional y popular, por el contrario, se divide (impidiendo el debate interno) y pretende convertirse en el nuevo ejecutor de las viejas políticas. Un gran y profundo error, o incluso podríamos afirmar que una gran traición a sí misma y sobre todo al pueblo griego y europeo. En España debe tomarse nota de este gravísimo hecho. Preocupante es ver a dirigentes de Podemos apoyar sin ninguna crítica a Tsipras y la deriva que está tomando la ya vieja Syriza.

Ciñéndonos al caso español, yo creo que hay que decirle claramente a la ciudadanía lo que ha hecho bien Syriza y lo que ha hecho mal. La Revolución es un complejo proceso de aprendizaje en el que toda la humanidad participa. Y es imposible el aprendizaje sin la crítica (constructiva). Yo creo que, de acuerdo con todo lo dicho anteriormente, Podemos (o el frente unitario que pueda constituirse) en España debe tener un programa lo suficientemente ambicioso pero también realista para posibilitar el salto. Su programa gira en torno a dos grandes ideas: rescate ciudadano y desarrollo democrático. Yo opino que dicho programa mínimo no puede prescindir de esas ideas que hicieron que se agitaran las aguas de la política en nuestro país como no se recuerda: creación de una banca pública, renta básica universal, auditoría de la deuda con posibilidades de renunciar al pago de la deuda ilegítima, proceso constituyente,… Ahora bien, hay que decirle claramente al pueblo que algunas medidas podrán adoptarse más temprano que otras, hay que advertirle también de todas las dificultades que habrá, plantearle las posibles alternativas,… Si en España se toma nota de lo ocurrido en Grecia, pero no para repetir los errores cometidos allí, sino para evitarlos, entonces sí que habrá posibilidades de que se abran las puertas de un sistema mejor. Si no, habrá que esperar a otra ocasión, que seguro volverá a surgir y, probablemente, antes de lo esperado.


Las profundas e irresolubles contradicciones del capitalismo hacen acto de presencia recurrentemente, de una u otra forma. La izquierda real, la anticapitalista, debe estar preparada para la ocasión, debe tener una guía de acción revolucionaria actualizada a los tiempos actuales, además de tener la suficiente flexibilidad para responder ante lo que no puede preverse. Aun así yo creo que la ventana de oportunidad que se abrió con la crisis capitalista actual todavía sigue abierta. Siempre que se reaccione a tiempo, siempre que se aprenda de los errores propios y de los compañeros de viaje. Y siempre que no se renuncie a lo esencial, a las señas de identidad.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.