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28 de octubre de 2012

Ola secesionista aviva el fuego de una Europa en crisis


La Habana (PL) Además de tener en común su pertenencia a la Unión Europea (UE), las regiones de Escocia, Flandes y Cataluña parecen estar unidas en la misma idea para hacer frente a la crisis económica: la secesión.

Los planes de austeridad impulsados por los países miembros del bloque comunitario no sólo han desencadenado numerosas manifestaciones de protesta y descontento popular, sino que han acrecentado el sentimiento independentista.

Si durante años los habitantes de las citadas regiones han defendido su identidad y valores propios, como un modo de diferenciarse de la nación a la que pertenecen desde el punto de vista geopolítico, la actual coyuntura económica viene a remarcar esas ideas.

En Reino Unido, el primer ministro, David Cameron, y el jefe del Gobierno de Escocia, Alex Salmond, acordaron los detalles sobre el referendo que en el otoño de 2014 pondrá a los habitantes de la región autónoma ante la disyuntiva de acabar o no la unión de tres siglos con 

la Corona británica.

Aunque encuestas recientes arrojan que más de la mitad de los escoceses es contraria a la secesión, el Partido Nacionalista Escocés (SNP), encabezado por Salmond, se prepara para el lanzamiento de una fuerte campaña que demuestre a los ciudadanos las ventajas de la independencia, sobre todo en el orden económico.

Precisamente, ese fue el tema clave en el congreso anual de la organización política celebrado entre el 18 y el 21 de octubre, en el cual Salmond defendió las ventajas que traerá la independencia para 

Escocia, entre ellas "más prosperidad y justicia social".

A través de esa campaña, y apelando al sentimiento nacionalista que despierte el 700 aniversario de la Batalla de Bannockburn, importante victoria de Escocia sobre las fuerzas inglesas, el SNP espera allanar el camino para el triunfo del "sí" dentro de dos años.

Pero esa no ha sido la única victoria política de los secesionistas europeos, pues en los recién finalizados comicios municipales de Bélgica, el principal partido independentista de Flandes consiguió resultados históricos en un buen número de circunscripciones.

El líder de los independentistas Nueva Alianza Flamenca (N-VA), Bart de Wever, se alzó con la alcaldía de la capital económica de Bélgica, Amberes, y reclamó al primer ministro, el socialdemócrata Elio Di Rupo, una reforma confederal del Estado para dotar a Flandes de más 

autonomía.

"Lo que hemos hecho es histórico, hemos llegado a un punto de no retorno", afirmó De Wever tras conocer los resultados de Amberes, donde el N-VA logró el 36,3 por ciento de los votos, frente al 26,6 por 

ciento obtenido por alcalde saliente, el socialdemócrata Patrick Janssens.

Para la formación política, la batalla en esa ciudad era crucial como trampolín que los ayude a cambiar definitivamente la estructura de Bélgica, un país que, según el nuevo alcalde, no funciona porque tiene dos democracias completamente distintas: Flandes y Valonia.

La primera de ellas está dominada por los partidos de centro derecha y la segunda por la izquierda, con dos lenguas diferentes, formaciones políticas distintas, y sin medios de comunicación nacionales.

Al igual que ocurre en otras regiones europeas con más capacidad económica, la mayoría de los ciudadanos de Flandes, en el norte belga, tienen la sensación de pagar demasiados impuestos federales para 

sostener a la meridional Valonia, un territorio con el doble de desempleo.

Con la victoria alcanzada en Amberes, varios analistas como el politólogo Dave Sinarde estiman que la posición del N-VA se verá reforzada de cara a las elecciones legislativas de 2014, cuando podría arrancar la verdadera batalla por la independencia de Flandes.

Pero mientras los casos de Escocia y Flandes han estado marcados por la negociación política, la situación catalana ha generado numerosos titulares debido a las continuas manifestaciones de los habitantes de la comunidad autónoma que aporta un quinto del Producto Interno Bruto de España.

El pasado septiembre, más de un millón de personas participó en el centro de Barcelona en una manifestación independentista bajo el eslogan "Cataluña, nuevo Estado de Europa", momento en el que también se reclamó al Gobierno un pacto fiscal para mejorar la financiación.

A finales de ese mes, el Parlament de Cataluña aprobó una resolución a favor de la convocatoria de un referendo sobre la eventual separación de España, con el apoyo de 84 de los 131 votos emitidos por 

el órgano legislativo regional.

Mientras el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español se oponen a que la Generalitat convoque sus propios referendos, las encuestas arrojan que el 74 por ciento de los catalanes apoyaría la realización de una consulta sobre la independencia.

El semanario alemán Der Spiegel advirtió recientemente que del mismo 

modo que el conflicto norte-sur está tomando forma en la zona euro, los 

movimientos independentistas también se están consolidando dentro de los países, sobre todo en las regiones prósperas, egoístas con las menos ricas.

Sin embargo, el interés de los movimientos independentistas es constituir nuevos estados, pero al amparo de la Unión Europea (UE), por lo que dudan de la utilidad de un Gobierno central en Londres, Bruselas o Madrid si el bloque provee de infraestructuras, moneda estable y seguridad exterior.

Aunque la Comisión Europea se había mostrado tajante con el tema, al recordar a Cataluña que fuera de España no formaría parte de la UE, en recientes declaraciones calificó los casos de Flandes, Escocia y Cataluña de "situaciones hipotéticas".

La fuerte tensión que se vive al interior de esos países miembros llevó a que una portavoz del bloque comunitario suavizara el tono y explicara que la CE sólo se pronunciará si un país se lo solicita.

Durante la reunión de jefes de Estado y de Gobierno celebrada 18 y 19 de octubre en Bruselas, el primer ministro italiano, Mario Monti, propuso organizar una cumbre informal sobre la evolución de las 

tendencias independentistas en Europa con el objetivo de "reducir los riesgos centrífugos" en el seno de los 27.

De ese modo, los líderes europeos se muestran preocupados por la ola secesionista que parece arrojar más leña al fuego de los conflictos económicos y políticos, cuando en muchos de sus países existen tendencias que ponen en duda la sostenibilidad de la UE.


Por Martha Andrés Román *

*Periodista de la Redacción Europa de Prensa Latina.

arb/mar/ucl