3 de agosto de 2012


El Papa Juan Pablo II y la Teología de la Liberación


El Papa y la Teología de la Liberación

por Frei Betto
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Juan Pablo II quedará en la historia como el Papa contemporáneo a la Teología de la Liberación -que él jamás condenó- a pesar de las sospechas de la Curia Romana y de la represión a Leonardo Boff.
Surgida en América Latina hace cerca de 25 años, fundamentalmente a partir de las obras de Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff, lo que caracteriza a la Teología de la Liberación no es su análisis crítico de la sociedad capitalista. Es su método de reflejar la fe de los pobres y a partir de los pobres, considerados como sujeto histórico y referencia evangélica por excelencia.
Que el Vaticano suponga que la Teología de la Liberación es una mera moda de los teólogos de izquierda, es ignorar que es hacer teología a partir de una situación de opresión, en la cual la pobreza predomina como un fenómeno colectivo, tal como ocurre en Brasil y en América Latina. ¿Qué significa hablar de Dios en esta situación? ¿O es que debe mentirse y decir que Dios acepta tanta miseria? El Papa conoció en su piel la dominación soviética y nazi. Nunca experimentó la miseria colectiva.
La Teología de la Liberación no nace en medios eclesiásticos, tales como universidades o seminarios, nace en las comunidades eclesiales de base y en los movimientos pastorales que agrupan a fieles de las clases populares. Frente a tantas dificultades de la vida, ellos se preguntan: ¿Qué es lo que quiere Dios? En la búsqueda de las “señales de los tiempos”, anudan entre sí a la fe y la política, los valores evangélicos y los desafíos de la realidad, liturgia y fiesta, creando la metodología teológica que es recogida y sistematizada por los teólogos.
Lo que a Roma le cuesta entender es que la Teología de la Liberación podría entrar en crisis si las condiciones sociales que le sirven de matriz generadora estuviesen -felizmente- superadas. Así, ella tendría que redimensionar su discurso -sin sufrir sin embargo una pérdida de continuidad- en la medida en que no identifica liberación con la mera solución de los problemas sociales crónicos. Para la Teología de la Liberación el proceso libertador implica, sin dualidad, el“pan nuestro” y el “país nuestro”.
Si la Teología de la Liberación fuese una mera exaltación del socialismo real, posiblemente ella sí estaría en crisis, como ocurre con la teología neoliberal europea que, habiendo perdido su referencia al mundo de los pobres, vuelve a encarar la modernidad con la óptica de Nietzche y ya no sabe a quien dirigir su discurso. Y todo indica que en breve entrará en crisis la teología -inspirada en Juan Pablo II- que hace de la crítica al socialismo una apología de la libertad en los países capitalistas. Ahora, la onda del consumismo, trayendo en su botijo la reintroducción de disparidades sociales y de permisividad, ya comienza a asustar aquellos que siempre creyeron que Occidente es cristiano...
Si es verdad que el socialismo se desmoronó en el Este europeo, es preciso no olvidar también que el capitalismo sufre de insuficiencia crónica por su incapacidad de responder a las demandas sociales. Él es por naturaleza, desigual, concentrador y excluyente. Sin embargo el Papa, que siempre criticó los abusos de capitalismo, no llegó a denunciar sus causas y su naturaleza perversa.
Expresión de la vivencia y la inteligencia de la fe cristiana de los pobres, la Teología de la Liberación insiste en priorizar el don de la vida como manifestación suprema de Dios, sobretodo en un contexto en que la opresión produce tantas formas de muerte. Ella se resiste también a aquellos que pretenden vaciar el don teologal de la esperanza, proclamando “el fin de la historia” como si el futuro pudiese ser encarado como una mera extensión del presente.
Según Juan Pablo II, en la encíclica Laborem Exercens (n. 8), asegurar la fe cristiana como buena nueva a los pobres es la señal por excelencia de fidelidad a la Iglesia y a Cristo, criterio suficiente para determinar quien se aparta o se aproxima a la propuesta evangélica.

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